martes, 24 de mayo de 2016

ME ALEGRA ENCONTRARME CON JESÚS (C.P.)

ME  ALEGRA  ENCONTRARME  CON  JESÚS  (C.P.)

ÁNGEL  HERRERA  ORIA
 
Fecha de nacimiento: 19 de diciembre de 1886, Santander.
Fecha de la muerte: 28 de julio de 1968, Madrid.
     Ángel Herrera Oria fue un periodista, jurista, político y sacerdote español, que llegó a ser cardenal de la Iglesia católica. 
     El siervo de Dios Ángel Herrera Oria nació en Santander el 19 de diciembre de 1886 en el seno de una familia acomodada, e hizo el número trece de los quince hijos que tuvo el matrimonio: una mujer y catorce varones, cinco de ellos sacerdotes jesuitas y de éstos, varios misioneros. Vivió la infancia y la juventud a caballo entre Santander y Valladolid. Allí estudió, siempre en colegios religiosos. Tras cursar el bachillerato con los jesuitas -obteniendo el graduado con sobresaliente- cursó Derecho en la Universidad de Valladolid, primero y luego, en la de Deusto, siempre con excelentes calificaciones. Se doctoró y consiguió en 1907 el tercer puesto en las oposiciones al cuerpo de abogados del Estado, siendo su primer y único destino, la Delegación del Gobierno en Burgos.
     Tras integrarse en la Congregación mariana de los Luises, que dirigía el padre Ángel Ayala SJ, para formar a jóvenes universitarios, participó en la fundación de la Asociación Católica de Propagandistas el 4 de noviembre de 1908. Un año después, el 3 de diciembre de 1909 se imponían las insignias a los primeros socios y don Ángel era nombrado primer presidente de la ACdP. Sí bien los propagandistas empezaron por participar en mítines por toda España en defensa de la fe, en los que destacaba por su oratoria Herrera, lo cierto es que su primera gran empresa fue erigir un gran periódico católico. Y lo consiguió el 1 de noviembre de 1911. De los 8.000 ejemplares de tirada que tenía El Debate de 1911 se pasó a 200.000 de 1931. Además, fundó en 1912 la Editorial Católica, propietaria de los diarios Ideal de Granada, El Ideal Gallego en La Coruña, Hoy de Badajoz, La Verdad de Murcia y el vespertino Ya; las revista Jeromín (Infantil) y la agencia Logos; y la primera escuela de Periodismo de nuestro país: la Escuela de El Debate, precedente de las actuales facultades universitarias de Comunicación, cuyos cursos comenzaron a impartirse en 1926.
     En el año 1933 abandonó la dirección del periódico para hacerse cargo de la presidencia de la Junta Central de Acción Católica, periodo en el que también fundó el Centro de Estudios Universitarios (CEU) y los cursos del Colegio Cántabro de Santander. Se trata de un periodo muy breve, pero fructífero, en el que relanzó las Semanas Sociales de España, creó el Instituto Social Obrero, puso a andar la Casa del Consiliario, de la que salieron varios obispos, entre ellos, el cardenal Enrique y Tarancón. Apenas, dos años después, en 1935 cedía la presidencia de la ACdP a Fernando Martín-Sánchez y en 1936 abandonaba la Acción Católica para iniciar en la Universidad Católica de Friburgo los estudios que le conducirían a su ordenación sacerdotal el 28 de julio de 1940 en la Capilla del Seminario de San Carlos. El primer destino en el que desempeñó su magisterio fue la parroquia en la que fue bautizado: Santa Lucía, en Santander. Allí ejerció de coadjutor, fundando la barriada pesquera, la Escuela Obrera de Aprendices y la residencia sacerdotal de Maliaño y creando un pujante grupo de jóvenes. En 1944 estuvo detrás de la fundación de la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC).
     El 3 de mayo de 1947 fue nombrado obispo de Málaga. Allí impulsaría la creación de más de 200 escuelas-capilla que contribuyeron a reducir de forma sustancial el elevado índice de analfabetismo existente en esta provincia; creó el patronato benéfico de viviendas Santa María de la Victoria, la barriada obrera San José de Carranque, la cooperativa de viviendas San Vicente de Paúl, la Asociación de Agricultores Pío XII y fomentó la formación de maestras rurales. Puso en marcha otra Escuela Social Sacerdotal y con el templo abarrotado, las homilías dominicales eran seguidas en directo gracias a las emisiones de Radio Nacional de España en Málaga. En 1949 es nombrado consiliario nacional de la ACdP, cargo que ocuparía hasta el año 1955. En 1951 inauguró el Colegio Mayor Universitario de San Pablo y fundó el Instituto Social León XIII, incorporado en 1964 a la Universidad Pontificia de Salamanca como Facultad de Filosofía y Letras, en un principio y desde 1971, de Ciencias Sociales. Años después, en 1955 intervino en la constitución del Centro de Estudios Sociales de la abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos y en 1958 se le eligió presidente de la Junta de Gobierno de la Editorial Católica, cesando en 1967. En 1960 inauguró la Escuela de Periodismo de la Iglesia y al año siguiente la Escuela de Ciudadanía Cristiana. En 1965, tras participar en el Concilio Vaticano II, fue creado cardenal de la Iglesia y un año después presentó su dimisión tras haber rebasado la edad límite de setenta y cinco años.
     En 1968 englobó sus últimas iniciativas en la Fundación Pablo VI, incorporándole el Instituto Social León XIII, la Escuela de Ciudadanía Cristiana, el Colegio Mayor Pío XII, la Residencia Pío XI, la residencia sacerdotal, el Instituto de Cultura Popular y la Escuela de Periodismo de la Iglesia y poco después, el 28 de julio de 1968 falleció en Madrid. El 25 de enero de 1996 el Cardenal de Madrid, monseñor Antonio María Rouco Varela, firmó la introducción de la Causa de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios y el 20 de noviembre de ese mismo año se celebró la apertura oficial y pública de la causa, siendo sus promotores el Obispado de Málaga, la Fundación Pablo VI y la Asociación Católica de Propagandistas-Fundación Universitaria San Pablo CEU. Tras ser instruida, el presidente de la Conferencia Episcopal Española y cardenal-arzobispo de Madrid, monseñor Antonio María Rouco Varela, presidió el 14 de diciembre de 2010 el acto solemne de cierre de la fase diocesana en la Universidad CEU San Pablo, instrucción a la que la Santa Sede otorgó validez jurídica mediante un decreto emitido en julio de 2012.
    Ángel Herrera Oria es un gran ejemplo para los cristianos por su autenticidad y por su compromiso para practicar y propagar la fe cristiana.




EL  ENCUENTRO  CON  JESÚS
     Muchas personas conocieron a Jesús y fueron testigos de su vida: sus padres María y José, sus apóstoles, sus amigos, las personas que le seguían…
     Descubrieron que Jesús era un hombre extraordinario por sus sentimientos, sus comportamientos y su forma de vivir. También descubrieron que era el Hijo de Dios por los milagros que hizo y porque le vieron morir y luego le vieron resucitado.
     El día de Pentecostés, los apóstoles recibieron la fuerza y el valor del Espíritu Santo y se convirtieron en testigos de Jesús resucitado. Desde ese momento comenzaron a predicar su mensaje y a dar testimonio con sus palabras y su vida de la resurrección de Jesús.
     Muchas de las personas que les conocieron y les escucharon creyeron en Jesús, pidieron que les bautizasen y cambiaron de vida, convirtiéndose en cristianos, los seguidores de Cristo (Jesús Resucitado).

LOS  CRISTIANOS  NOS  ENCONTRAMOS  CON   JESÚS
     Los cristianos nos encontramos con Jesús cuando:
─› Le rezamos,
─› Participamos en la celebración de los sacramentos,
─› Leemos la Biblia,
─› Estudiamos, leemos y vemos películas que nos ayuden a
     conocer más y mejor a Jesús,
─› Damos testimonio público de nuestra fe en Jesús: hablamos
    de Él, participamos en procesiones, llevamos símbolos
    religiosos como el crucifijo…
     Si somos cristianos, debemos dar testimonio de Jesús con nuestras palabras, nuestras acciones y comportamientos, poniendo en práctica el Mandamiento del Amor que Jesús nos dejó. Para ello, al igual que los apóstoles, necesitamos la fuerza y el valor que nos da el Espíritu Santo cuando celebramos los sacramentos.








JESÚS  Y  LA  SAMARITANA
     Jesús predicó la Buena Noticia del amor de Dios por todo Israel, incluyendo la región de Samaria, aunque judíos y samaritanos no se llevaban bien.
     Jesús le pide agua a una mujer desconocida, samaritana, dándole el mismo trato y dignidad que a los hombres, en un momento en el que las mujeres estaban discriminadas. La samaritana, al conocer a Jesús, reconoce lo que ha hecho mal en su vida y a Jesús como el Mesías esperado, porque quien conoce a Jesús cambia su modo de vida, se convierte en su discípulo y recibe la gracia y el Espíritu santo.










ACTIVIDADES














domingo, 22 de mayo de 2016

CORPUS CHRISTIE

CORPUS  CHRISTIE


FIESTA-CORPUS

     Una vez terminada la Pascua, con la fiesta de Pentecostés, hay tres fiestas que nos tratan de explicar con signos claros, cómo es Dios, y cómo desea que seamos nosotros como cristianos: Santísima Trinidad, Corpus Christi, y el Sagrado Corazón de Jesús.
    Es para nosotros una fiesta tan importante que después de esta celebración se sale por las calles en procesión, celebrando esta fiesta...¿Y qué celebramos?

   

     ¿Qué cosa es tan importante para nosotros? ¿Qué es lo más importante? ¿Lo que nos hace más felices?  ¡¡¡EL AMOR!!!
Estamos tan contentos porque alguien me quiere tanto, que ha sido capaz de dar su vida por mí... tengo que estar feliz...
     Jesús, que tanto nos ama, que dio su vida por nosotros, quiso quedarse para siempre con nosotros, quiso hacerse parte de nosotros para vivir dentro de nosotros... y por ello, Jesús, en la Última Cena da a comer su cuerpo y su sangre... en forma del pan y del vino que consagramos en la Misa...

     Cuando nosotros comemos este pan y este vino... el Cuerpo y la Sangre de Cristo pasan a transformarse en cuerpo y sangre nuestra... y nosotros nos transformamos en un cachito de Jesús, en un cachito de Dios... ¿En qué se debe notar? pues en que nosotros debemos de ir pensando como Jesús, y actuando como Jesús... amando, perdonando, ayudando, compartiendo... de forma que cuando la gente vea todo el bien que hacemos diga "ese chic@ tiene a Jesús dentro, se le nota"... esto es comulgar... Y si a todos los cristianos se nos notara, porque comulgamos con Cristo, este mundo sería un mundo maravilloso...

UN  POCO  DE  HISTORIA
     A fines del siglo XIII surgió en Lieja, Bélgica, un Movimiento Eucarístico cuyo centro fue la Abadía de Cornillón fundada en 1124 por el Obispo Albero de Lieja. Este movimiento dio origen a varias costumbres eucarísticas, como por ejemplo la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la fiesta del Corpus Christi.
    Santa Juliana de Mont Cornillón, por aquellos años priora de la Abadía, fue la enviada de Dios para propiciar esta Fiesta. La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su comunidad. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.
Maria 

     Desde joven, Santa Juliana tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre anhelaba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haber intensificado por una visión que tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad.
     Juliana comunicó estas apariciones a Mons. Roberto de Thorete, el entonces obispo de Lieja, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos y a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Lieja, más tarde Papa Urbano IV.
El obispo Roberto se impresionó favorablemente y, como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante; al mismo tiempo el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan escribiera el oficio para esa ocasión.
Mons. Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez al año siguiente el jueves posterior a la fiesta de la Santísima Trinidad. Más tarde un obispo alemán conoció la costumbre y la extendió por toda la actual Alemania.
     El Papa Urbano IV, por aquél entonces, tenía la corte en Orvieto, un poco al norte de Roma. Muy cerca de esta localidad se encuentra Bolsena, donde en 1263 o 1264 se produjo el Milagro de Bolsena: un sacerdote que celebraba la Santa Misa tuvo dudas de que la Consagración fuera algo real. Al momento de partir la Sagrada Forma, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando en seguida el corporal. La venerada reliquia fue llevada en procesión a Orvieto el 19 junio de 1264. Hoy se conservan los corporales -donde se apoya el cáliz y la patena durante la Misa- en Orvieto, y también se puede ver la piedra del altar en Bolsena, manchada de sangre.
El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios obispos, hace que se extienda la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por medio de la bula “Transiturus” del 8 septiembre del mismo año, fijándola para el jueves después de la octava de Pentecostés y otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al oficio.
     La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero el Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y, en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. En 1317 se promulga una recopilación de leyes -por Juan XXII- y así se extiende la fiesta a toda la Iglesia.
     Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV, y se hicieron bastante comunes a partir del siglo XIV.
     Finalmente, el Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad; y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.















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